
La anchura actual del cauce es de apenas 50 metros. Este tramo ha sufrido las consecuencias del desarrollo y colonización agraria. A partir de los años sesenta del siglo XX la planta del cauce se ha modificado en profundidad y se han construido motas laterales que han supuesto la pérdida de las llanuras de inundación. A pesar del reciente proyecto de recuperación Ambiental en la Cuenca Baja (Años 2000 – 2012), en el que la Confederación Hidrográfica del Duero dijo iniciar un proyecto de regeneración ambiental y control de avenidas entre la confluencia del río Brulles y su desembocadura en el Pisuerga que debía incluir la adecuación del cauce, la retirada de tapones y la recuperación de la vegetación de ribera, lo cierto es que el río aún parece un canal artificial desde Villasandino, doce kilómetros cauce arriba, hasta Pedrosa del Príncipe, casi seis kilómetros aguas abajo. En todo el tramo el cauce mantiene una anchura constante a excepción de unas cuantas choperas. Antes del puente una serie de arcos de piedra señalan la ubicación del antiguo puente, en una longitud de unos 250 metros. Este puente, hoy sobre un lecho vacío ocupado por campos de cereal, explica la razón por la que la parte de esta zona adyacente a la ribera lleve el topónimo local de Mojapiés. A día de hoy la confederación Hidrográfica del Duero en esta zona apenas da un margen de unos cien metros a ambos lados de la del cauce como zona inundable en la capa de 10 años. En la actualidad el puente es una pasarela de madera junto a un vado de hormigón.
Las grandes intervenciones empezaron en 1953, y hasta 1956 se realizó el Gran Encauzamiento Sindical. Se sustituyeron puentes, se eliminaron molinos y otras estructuras tradicionales de piedra y se trazó un canal rectilíneo abriendo un nuevo cauce artificial. También se desecaron los humedales asociados y las zonas de meandro, al tiempo que se eliminaba de forma radical la vegetación de ribera autóctona. Aquí paz y después Gloria.
En las décadas de 1970 y 1980, la Concentración Parcelaria permitió la continuación de obras de modificación para adaptarlo a la nueva distribución de parcelas de regadío y secano. Se efectuaron nuevos dragados sistemáticos y ensanches con maquinaria pesada para dragar el fondo del río y limpiar los sedimentos acumulados, en los que se retiró de forma indiscriminada cañaverales, lodos y arenas para evitar el desborde hacia las fincas. Se construyeron motas artificiales levantando diques de tierra en los márgenes del río en las zonas más bajas del término municipal de Castrojeriz para proteger los caminos agrícolas y los cultivos de las crecidas invernales.
Los problemas generados por estas intervenciones fueron rápidamente evidentes. La falta de meandros hace que el agua baje con demasiada fuerza, aumenta la erosión de los taludes y se genera la posibilidad de riadas violentas aguas abajo. Pero la afectación era mucho más profunda. Las motas artificiales separaron el río de sus llanuras de inundación lo que impidió que el agua fertilizara los suelos adyacentes y destruyó los humedales estacionales. Se perdió el bosque de ribera (sauces, chopos y alisos), multiplicándose la erosión de los taludes. Se destruyeron hábitats acuáticos al suprimir los meandros, pozas y corrientes rápidas naturales, que permitían al río depurarse. Un lecho uniforme de lodos y la rapidez del agua provocaron un descenso drástico de peces autóctonos y aves asociadas a sotos fluviales. Al mismo tiempo, ya desde un punto de vista patrimonial, las infraestructuras históricas sufrieron modificaciones irreversibles, desapareció el puente medieval, se demolió toda la arquitectura preindustrial, puentes de acceso a fincas, presas pesqueras, azudes de regulación, y perdimos el paisaje jacobeo original. Total, como que todo da un poco igual.

Y ese dar todo igual viene al caso de que es complicado creerse nada del nuevo plan. La ínclita Confederación Hidrográfica del Duero preparó en 2006 un plan de actuaciones de regeneración (el título señalaba también: y control de avenidas, que es a lo que estamos y el resto da un poco más igual). Ejecutado entre 2012 y 2014, se trataba de recuperar una pequeña parte de espacio fluvial mediante el derribo de motas artificiales permitiendo que el agua inundara zonas de (en teoría) pastizal rustico. Se intentaron estabilizar los márgenes con métodos pretendidamente ecológicos (fibra de coco, empalizadas) que permitieran el desarrollo de especies de ribera para sujeción de los taludes, para lo que se reforestó con chopos, sauces, alisos y fresnos. También se limpiaron los sedimentos acumulados en las arcadas de piedra del puente para integrarlo visualmente. Esto ya pura cosmética para peregrinos. Cierto es que se ha producido una mejora en la fauna y el regreso de bastantes especies de aves expulsadas por las intervenciones anteriores, también es cierto que esta broma salió por casi cuatro millones de euros.

El puente es un buen lugar de observación a primera hora de la mañana para aves de ribera. En los campos de cereal adyacente pueden observarse con relativa facilidad escribano triguero, gorrión molinero, jilguero, collalba gris y corneja. No son infrecuentes las perdices, ni el canto de la codorniz. En el mismo río, pardillo, jilgueros, mosquiteros, colirrojos, papamoscas cerrojillo, ruiseñor y carriceros. Por la zona, en los linderos con matorral suele encontrarse alcaudón dorsirrojo y tarabillas. Numerosos bandos de gorrión chillón vuelan por la ribera y los matorrales.


